Tuvimos la oportunidad de contactarnos con el Centro de Educación Integral para Adultos (CEIA) Quimahue, ubicado en la comuna de Cañete, a partir de un dato que nos llamó especialmente la atención, otorgado por el Módulo de Egresados de Kimche. Al analizar la evolución de resultados que dejó la más reciente versión de la PAES, observamos que el centro había subido 1.459 posiciones en el ranking de Competencia Lectora respecto del año anterior.
Si nos guiamos solamente por los números, esto equivale al avance más grande registrado entre los establecimientos de carácter particular subvencionado que funcionan en el sur de Chile. A su vez, el centro anotó el cuarto ascenso más alto a nivel nacional en la medición entre los colegios de este tipo. Una marca que se resalta más al considerar que se trata de un lugar enfocado hacia la formación de personas adultas.
Ranking PAES · Competencia Lectora
Centro de Educación de Adultos Quimahue
Queríamos entender lo que había detrás, y una conversación con Teresa Jotar, fundadora y directora del establecimiento, nos terminó mostrando algo bastante más profundo que una mejora en una prueba: una forma distinta de entender la educación, y un proyecto que pone el foco en las habilidades y las necesidades concretas de cada estudiante.
Una comunidad para quienes estaban quedando fuera
El CEIA Quimahue nació en 2001, bautizado en base a la palabra mapudungun Quimahue, que se traduce usualmente como “lugar de conocimiento”. Teresa participó desde el comienzo y, como ella misma reconoce, los primeros años estuvieron marcados por ensayo, error y mucho aprendizaje.
El establecimiento trabaja con personas cuya edad va desde los 14 hasta más de 70 años, aunque la mayor parte de su comunidad se concentra entre los 30 y los 45. También recibe estudiantes de otras comunas de la provincia de Arauco y una parte importante proviene de sectores rurales.
Actualmente la matrícula es de 534 estudiantes, los cuales se distribuyen a lo largo de quince cursos pertenecientes a tres niveles: Dos de tercer nivel básico, seis de primer nivel medio y siete de segundo nivel medio. Además, se creó un curso adicional del nivel básico especialmente orientado a estudiantes con necesidades educativas moderadas.
Esa diversidad significa enfrentarse a trayectorias educativas muy distintas. Hay personas que dejaron el sistema escolar hace décadas, jóvenes que no encontraron espacio en otros establecimientos y jóvenes adultos que simplemente quieren cumplir una meta pendiente.
Teresa lo resume desde una perspectiva muy concreta: muchas personas llegan pensando únicamente en obtener su cuarto medio, pero la labor del centro apenas comienza ahí:
“La mayoría llega con esa idea sin mucha reflexión. Quieren sacar el cuarto medio porque lo tienen que sacar nomás. Por lo tanto, ese es nuestro trabajo: decirles que son y pueden mucho más que eso”.
El objetivo, entonces, no es solo completar una trayectoria escolar. Es ayudar a cada estudiante a construir un Proyecto de Vida y descubrir qué puede hacer después. No todos quieren llegar a la universidad tienen las mismas posibilidades, pero sí pueden desarrollar herramientas para estudiar, emprender, trabajar o tomar nuevas decisiones sobre su futuro.

Aprender en el hacer
Uno de los aprendizajes más interesantes del modelo del CEIA Quimahue está en la forma en que entienden el currículum.
Para el equipo, matemática, lenguaje, ciencias o historia siguen siendo necesarias, pero funcionan principalmente como herramientas para desarrollar capacidades más amplias, como comprensión lectora, pensamiento crítico, comunicación, planificación y la capacidad de defender sus propias ideas.
“Nosotros le señalamos a los estudiantes que tienen que adquirir habilidades reales para vivir en el siglo XXI. En ese sentido, nuestro fin es trabajar las habilidades de los estudiantes y que las asignaturas estén al servicio de ellos y no ellos al servicio de la asignatura”, asegura Teresa.
Con ese objetivo en mente, una de las principales herramientas pedagógicas del centro es el Aprendizaje Basado en Proyectos.
Durante el año se trabajan tres grandes temáticas que luego cada curso y estudiante desarrolla de acuerdo con sus intereses y necesidades. Las asignaturas se articulan alrededor de esos proyectos, manteniendo los objetivos curriculares y con el cuerpo docente siguiendo una estrategia pedagógica propia del establecimiento. Cada profesor opera con libertad de acción, pero siempre dentro de un objetivo de trabajo colaborativo en común.
Los estudiantes deben diseñar una idea, planificarla, desarrollarla, llevarla hasta el final, presentarla y defenderla. Es ahí cuando aparecen los aprendizajes.
Para exponer un proyecto hay que organizar ideas. Para investigar hay que comprender lo que se lee. Para defender una propuesta hay que argumentar. Para trabajar con otros hay que aprender a comunicarse. Y bajo la metodología que aplica el equipo del centro, estas destrezas se adquieren de manera subconsciente a medida que las actividades se realizan.
Teresa recuerda testimonios de estudiantes que reflejan ese cambio:
“Después de que estos proyectos se presentan, hay gente que me ha dicho que nunca pensó que iba a ser capaz de hablar en público, o que no se imaginaron el desarrollar un emprendimiento que después se sostiene por muchos años”.
El resultado es importante porque muestra algo que a veces se pierde de vista en la discusión sobre mejora educativa: una habilidad adquiere sentido cuando el estudiante necesita utilizarla.

La PAES: una consecuencia, más no un objetivo
Cuando volvimos al dato que había originado la conversación —el fuerte ascenso observado en Competencia Lectora—, Teresa reconoció que ni siquiera sabía que el establecimiento había subido esa cantidad de puestos.
El centro no había desarrollado una estrategia específica pensando en preparar a los estudiantes para la prueba. Según explicó su directora, la mejora probablemente está relacionada con los varios años de perfeccionamiento de su modelo y, particularmente, con el desarrollo intencionado de habilidades de comunicación y comprensión.
De hecho, son pocos los estudiantes del establecimiento que la rinden. Para muchas familias de la provincia de Arauco, estudiar inmediatamente después de completar su educación en una universidad ubicada fuera de la zona implica gastos de traslado y alojamiento difíciles de asumir.
Por eso, el camino hacia la educación superior suele comenzar en centros de formación técnica o institutos profesionales cercanos. Según los registros que maneja el mismo establecimiento, un 87% de quienes egresan continúa estudios superiores, principalmente en la educación superior técnico-profesional.
Para Teresa, ese camino puede convertirse en un verdadero “trampolín”: después de obtener un título técnico, algunos estudiantes pueden trabajar, generar ingresos y posteriormente continuar sus estudios, y de hecho así lo han hecho muchos de los egresados.

“Creo en ti, pero las oportunidades las creas tú”
Esta frase es el lema del Centro. Se puede inferir una combinación interesante entre confianza y responsabilidad en esas palabras.
El establecimiento busca que sus estudiantes recuperen una percepción positiva sobre sus propias capacidades, especialmente porque muchos llegan después de experiencias escolares complejas. Pero esa confianza no significa reducir expectativas. Al contrario.
La expectativa es que puedan construir proyectos, resolver problemas, comunicarse, continuar estudiando, emprender o desenvolverse con mayor autonomía.
Teresa recuerda particularmente a familias que llegan al establecimiento después de años difíciles y que luego ven a sus hijos egresar.
“Yo no hice nada”, suele decirles. “Lo hizo tu hijo”.



Al terminar la entrevista le hicimos a Teresa una pregunta sencilla: si pudiera compartir un aprendizaje de estos 25 años con otros establecimientos.
Su respuesta fue clara:
“Se puede trabajar perfectamente con el currículum sin sobredimensionarlo, sino trabajar las habilidades de los estudiantes y que las asignaturas estén al servicio del estudiante y no el estudiante al servicio de la asignatura”.
Es una reflexión que trasciende la educación de jóvenes y adultos.
El currículum es necesario. Los contenidos importan. Las evaluaciones también. Pero la pregunta de fondo sigue siendo para qué queremos que nuestros estudiantes aprendan todo eso.
La experiencia del CEIA Quimahue muestra una respuesta posible: para comprender mejor, comunicar ideas, tomar decisiones, desarrollar proyectos y construir una vida con mayores posibilidades.
En Kimche quedamos muy contentos con esta reunión y, sobre todo, agradecidos por la apertura de Teresa para compartir con tanta generosidad los aprendizajes, desafíos y experiencias que han construido durante estos años. Les deseamos lo mejor al equipo, a sus estudiantes y a toda la comunidad del centro en Cañete para los desafíos que vienen.
