El contacto con el Liceo de Estudios Contables y Administrativos de Antofagasta, Lecya, nació después de que en el módulo de egresados de Kimche observáramos una mejora sostenida en su posición a nivel nacional en la PAES de Competencia Lectora. Se trata de un alza de 269 puestos desde el año pasado, y de más de 600 lugares si se cuenta a partir del 2024.
Más que quedarnos con el resultado, quisimos conocer qué decisiones pedagógicas, organizacionales y humanas explicaban ese avance. Afortunadamente, se dieron las circunstancias para visitar presencialmente el lugar y tener una amena conversación con su equipo.
La reunión permitió conocer una experiencia de mejora que no comenzó con una solución predeterminada, sino con un diagnóstico claro sobre las necesidades del liceo. A partir de esa revisión, la comunidad educativa fortaleció la comprensión lectora, reorganizó procedimientos de enseñanza y generó mejores condiciones para el trabajo colaborativo entre docentes.
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Liceo de Estudios Contables y Administrativos de Antofagasta
De un pequeño liceo a una propuesta consolidada
El Lecya abrió sus puertas en marzo de 1992 con poco más de 160 estudiantes y una Unidad Técnica Pedagógica compuesta por solo una persona. Hoy recibe a más de 770 jóvenes, tiene un buen equipo a disposición, y se ha consolidado como un establecimiento reconocido en Antofagasta.
Durante ese tiempo, el liceo ha vivido una transformación que también refleja los cambios de la educación técnico profesional en Chile. Durante varios años, gran parte de los esfuerzos estuvieron concentrados en la formación de especialidad para la vida del trabajo.
Sin embargo, en el presente el proyecto educativo del Lecya busca algo más amplio: formar a sus estudiantes tanto para el trabajo, como también para la educación superior. Así lo explica su rector, César Lamas Cáceres:
“Hemos ido creciendo no solo en infraestructura o en resultados, sino que también en nuestro posicionamiento como establecimiento en la ciudad. El hecho de que la gente de la ciudad nos reconozca como un liceo importante es un factor que, en lo personal, me hace sentir muy orgulloso”.
Esa evolución se hizo especialmente visible cuando el liceo comenzó a equilibrar con mayor fuerza la formación técnico profesional junto con la formación general.
Un diagnóstico que permitió ordenar las prioridades
Uno de los aspectos más valiosos de la experiencia del Lecya es que las mejoras surgieron después de observar sus resultados, reconocer dificultades y analizar qué prácticas necesitaban cambiar.
El equipo reconoce que los resultados educativos durante la década pasada no eran del todo positivos en comprensión lectora. Fue un diagnóstico puntual de la Agencia de Calidad de la Educación previo a la pandemia lo que llevó al cuerpo docente a revisar sus prácticas y a fortalecer esa área en particular.
Al abordar la crítica, el equipo identificó que las habilidades lectoras eran fundamentales no solo para responder una prueba estandarizada, sino también para comprender instrucciones, elaborar informes e interpretar procedimientos. Desde ese momento, la comprensión lectora comenzó a instalarse como una prioridad institucional.
El liceo no intentó mejorar únicamente mediante más ensayos o actividades aisladas. Se dedicó a mejorar la distribución de las horas, los materiales de enseñanza, las evaluaciones, el acompañamiento al aula y los espacios de coordinación docente.
La jefa de UTP, Pamela Cantillanez Flores, resumió uno de los principios que orientó este proceso:
“No nos interesa avanzar mucho en el currículum al principio, sino ir consolidando las bases y dejarlas bien asentadas. En concreto que el alumno aprenda. Esa siempre ha sido nuestra política”.
Considerando el hecho de que el liceo se centra solo en enseñanza media, esta decisión ha sido especialmente importante en primero medio, ya que en ese nivel los estudiantes llegan desde distintos establecimientos y presentan niveles de aprendizaje diversos.
Por eso, durante las primeras semanas se aplican diagnósticos en todas las asignaturas. A partir de los resultados, los profesores definen qué habilidades deben nivelar y cuánto tiempo necesitan trabajar en ellas antes de avanzar.
En comprensión lectora, por ejemplo, un curso puede dedicar varios meses a aprender a localizar información explícita antes de abordar habilidades más complejas, como inferir o reflexionar.
Además, en primero y segundo medio, el establecimiento destina dos de las siete horas semanales de lenguaje a un taller específico de comprensión lectora, realizadas por un docente diferente al profesor responsable de la asignatura. La idea es ofrecer un espacio especialmente dedicado a trabajar estas habilidades para una mejor adaptación.

Biblioteca abierta y un plan lector adaptado
Uno de los primeros cambios fue simbólico, pero también muy concreto.
Hace algunos años, la biblioteca era un espacio poco utilizado. Los estudiantes casi no entraban y existía una preocupación excesiva por proteger los libros, lo que terminaba alejando a los jóvenes de ellos.
El actual equipo directivo decidió cambiar esa lógica. La biblioteca comenzó a abrirse como un lugar accesible, amigable y disponible para la comunidad. El mensaje hacia los estudiantes era sencillo: este espacio también es de ustedes.
En paralelo, se fue viendo con detalle lo referente al plan lector. El liceo ya había intentado implementar uno varios años atrás, pero se reconoce que aquella primera experiencia no tuvo suficiente estructura, lo que llevó a resultados limitados.
El cambio ocurrió cuando la corporación sostenedora destinó recursos y tiempo profesional para diseñar y coordinar una propuesta más consistente.
Actualmente, el plan se aplica todos los días durante aproximadamente 10 o 15 minutos e incluye textos variados, preguntas y espacios para debatir. Además, cuenta con un seguimiento y con la participación de más del 90% de los docentes, siendo transversal a todas las asignaturas.
Para Mary Ann Silva Tapia, coordinadora de formación general, una de las claves para el éxito de estas iniciativas es el compromiso que ha puesto el equipo docente del liceo:
“Se ha implementado un plan de capacitaciones de forma constante, tanto externas como a nivel interno, en donde el departamento de Lengua y Literatura orienta cómo abordar la formulación de preguntas de acuerdo a la complejidad que necesita cada nivel. No se trata de que los chicos solamente lean, sino de que se les hacen preguntas claves para que puedan discutir y conversar”.
Estos cambios ayudaron a instalar una idea que después se extendería al resto del trabajo pedagógico: la lectura no puede presentarse como una obligación distante. Necesita espacios, acompañamiento y experiencias que la vuelvan parte de la vida escolar.
Colores, imágenes e instrucciones más accesibles
Entre las estrategias utilizadas por el departamento de Lengua y Literatura destaca la asociación de colores con distintas habilidades lectoras.
Los estudiantes aprenden a reconocer cuándo una pregunta les pide localizar, inferir o reflexionar. Luego subrayan partes del texto, buscan pistas e identifican qué información necesitan para construir una respuesta.
Al comienzo, los colores funcionan como un apoyo explícito. Más adelante, el objetivo es que los estudiantes puedan reconocer por sí mismos el tipo de razonamiento requerido.
Las guías y evaluaciones también incorporan imágenes, íconos, instrucciones breves y letras de un tamaño adecuado. Si bien estas decisiones nacieron para apoyar a estudiantes con mayores necesidades educativas, el equipo comprobó que facilitaban el aprendizaje de todo el curso.
Mary Ann lo sintetizó así:
“Cuando hablamos de accesibilidad, no es algo que le sirva solamente al estudiante con una necesidad educativa. Le sirve a todos”.
Esta convicción se refleja también en la diversificación de las actividades. Antes de llegar a una prueba tradicional, los estudiantes pueden realizar un video, preparar un resumen con un lenguaje más contemporáneo, trabajar en grupo o explicar oralmente lo que comprendieron.
La exigencia se mantiene, pero se amplían las formas de acceder al contenido y demostrar lo aprendido.
Una mejora construida con constancia y colaboración
La experiencia del Lecya muestra que fortalecer la comprensión lectora no depende de intensificar ensayos ni de concentrar el trabajo en los meses previos a una prueba.
Requiere transformar la organización escolar: abrir espacios de lectura, proteger tiempos de colaboración, capacitar a los docentes, diversificar las actividades y utilizar los resultados para tomar decisiones.
También exige reconocer que una primera estrategia puede no funcionar y que será necesario revisarla. El avance del liceo parece sostenerse precisamente en esa capacidad de observar, ajustar y volver a intentar. Pero también en la importancia de tener un equipo directivo y docente comprometido con la causa.
“Tener un trabajo colaborativo es clave para conseguir cualquier avance. Se sigue una pauta, pero siempre fortalecida con sugerencias y correcciones por parte de los profesores. Eso permite tener una UTP cercana y transparente, que es importante en el acompañamiento de los alumnos”, concluye el director César Lamas Cáceres.
En Kimche quedamos muy contentos y agradecidos por la reunión y por la generosidad con que el equipo del Liceo de Estudios Contables y Administrativos compartió su experiencia. Les deseamos lo mejor en los desafíos que vienen y esperamos que continúen fortaleciendo un proyecto educativo que demuestra que la mejora se construye con colaboración, autocrítica y trabajo sostenido.
