Similarmente a otros casos revisados en este blog, el contacto con el colegio Cryptocarya Alba nació luego de que, en nuestro módulo de egresados, observáramos una mejora en sus resultados PAES de Competencia Lectora, con una subida de 517 puestos a nivel nacional el 2025. Pero además, se trata de un ascenso sostenido durante los últimos años.
Por eso quisimos conocer la historia detrás de ese progreso y conversar con varios integrantes de su equipo directivo y docente. Lo que hallamos fue una historia de continuidad pedagógica, colaboración entre asignaturas, monitoreo permanente y, sobre todo, una comunidad educativa que confía en las capacidades de sus estudiantes.
Ranking PAES · Competencia Lectora
Cryptocarya Alba
De jardín infantil a colegio con enseñanza media
El Colegio Cryptocarya Alba se encuentra en Peumo, en la Región de O’Higgins, y su nombre se debe a la denominación científica que recibe el árbol que nombra a la comuna. Su historia comenzó hace 40 años, cuando su directora y fundadora, Margarita García, creó un jardín infantil.
Con el paso del tiempo, fueron las propias familias quienes pidieron que el proyecto creciera para dar continuidad a la educación de sus hijos. Así se avanzó de manera gradual, incorporando nuevos cursos hasta llegar a cuarto medio, y eventualmente se pudo consolidar en la comunidad.
“Las mayores características de nuestro colegio son la buena convivencia, el respeto a la diversidad y la responsabilidad social. Lo que queremos transmitir a nuestros alumnos es un perfil de personas que se hagan responsables de sus actos y que las consecuencias de estos sean positivas”, explica Margarita.
Esto es importante para entender los resultados académicos. En el Cryptocarya Alba, enseñar no se separa del vínculo que existe entre estudiantes, docentes, familias y equipo directivo. Para su directora, y siguiendo el concepto del árbol que bautiza al establecimiento, el tronco representa los sellos educativos que sostienen el proyecto y las ramas reflejan la diversidad de los estudiantes.

Un avance construido año a año
Cuando el colegio comenzó a incorporar nuevos niveles, el equipo concentró sus esfuerzos en cumplir las metas de cada etapa. Primero trabajaron con fuerza la lectura en educación básica. Luego consolidaron equipos, incorporaron recursos y mejoraron los procesos de evaluación y seguimiento.
Susana González, encargada de la Unidad Técnico Pedagógica, ha acompañado gran parte de esa trayectoria. Desde su perspectiva, los resultados actuales son la consecuencia de un trabajo constante que no comenzó preguntándose cómo mejorar la PAES. Primero buscó construir bases sólidas en los niveles iniciales, fortalecer los equipos docentes y establecer prácticas que pudieran mantenerse en el tiempo.
“Llegamos a los resultados como consecuencia de un trabajo que fue muy consciente y profesional, realizado año a año, con equipos de trabajo que se fueron formando con cuidado y que hoy ya están bien consolidados”, señala.
Una práctica central para lograrlo es el seguimiento constante de los estudiantes. El colegio revisa resultados de evaluaciones, ensayos, velocidad lectora y desempeño por habilidades. Cuando se detecta un descenso en abril o mayo, el equipo no espera hasta el final del año para intervenir.
A partir de esa alerta, los profesores jefes, la UTP y las familias revisan la situación del estudiante. Se establecen apoyos, se monitorean los avances y se ajustan las estrategias cuando es necesario.
“Tenemos que potenciar las habilidades en todas las asignaturas, revisar los resultados y, cuando es necesario, hacer adecuaciones según el caso. Pero también preguntarnos por qué a un curso le va mal y qué podemos mejorar para resolverlo”, profundiza Susana.

Coordinación permanente entre profesores y asignaturas
En lo referente a competencia lectora, el trabajo se construye desde la educación parvularia y básica, con prácticas que se evolucionan a medida que los estudiantes avanzan. Con ese fin es que el departamento de lenguaje ha organizado una continuidad pedagógica entre los distintos niveles.
Francisca Pedraza trabaja con quinto y sexto básico; Diego Vergara continúa con los estudiantes desde séptimo hasta segundo medio; y luego Francisca vuelve a encontrarse con ellos en tercero y cuarto medio. Esta distribución permite que los docentes conozcan las habilidades desarrolladas previamente y proyecten los aprendizajes que serán necesarios en los cursos siguientes.
“Nosotros tenemos un trabajo colaborativo, donde los profesores de lenguaje compartimos una red de contenidos que se va fortaleciendo hasta terminar la enseñanza media. Si bien es muy importante la competencia lectora, también buscamos potenciar otras habilidades como la investigación y la habilidad escrita”, cuenta Francisca.
No se trata de que todos los profesores enseñen de la misma forma. Cada uno conserva su estilo, pero existe acuerdo respecto de las habilidades que deben desarrollar y de la manera en que se dará continuidad al proceso.
En esa dirección, el equipo de lenguaje se reúne todas las semanas para compartir estrategias, revisar el avance de los cursos y ajustar sus prácticas cuando detecta dificultades. A su vez, se adaptan evaluaciones y se promueve el intercambio de actividades que hayan funcionado en ciertos grupos.
Para Diego Vergara, esta comunicación ha permitido construir una experiencia coherente para los estudiantes.
“Somos distintos, pero al mismo tiempo estamos unificados por criterios que se conectan por esa red. Hay una dinámica de intercambio permanente en nuestra labor pedagógica, lo que ha traído como consecuencia esta comunidad”, explica.
A su vez, la comprensión lectora no se considera una tarea exclusiva del departamento de lenguaje. Historia, filosofía, ciencias y otras asignaturas también trabajan habilidades como interpretar información, argumentar, analizar fuentes y comunicar ideas.
Ana Jiménez, profesora de historia desde séptimo básico hasta cuarto medio, coordina distintas actividades con el equipo de lenguaje. Entre ellas se encuentran la selección de libros, el análisis de fuentes históricas, los debates y las presentaciones orales.
“Trabajamos de una manera muy coordinada, porque son asignaturas similares en muchos temas. La lectura es fundamental para los chicos, porque saldrán a enfrentarse a un mundo nuevo después del colegio y para eso es necesario entender procesos históricos, debatir y formular opiniones”, asegura Ana.
Diversificar las experiencias de aprendizaje
El equipo docente ha buscado evitar que la preparación en competencia lectora se convierta en una repetición diaria de guías y preguntas similares a las de una prueba estandarizada. Para Francisca, trabajar más ejercicios no siempre significa mejorar la lectura.
“La competencia lectora no se hace con rutinas de comprensión todos los días, porque al final uno genera que los estudiantes se aburran de leer”, advierte.
Por eso el colegio combina distintas estrategias. Una vez al año, los estudiantes pueden elegir un libro dentro de su plan lector. También recomiendan títulos para la biblioteca y participan en actividades de escritura, investigación, expresión oral y teatro.
El colegio ha invertido en ejemplares para que la falta de acceso no sea una barrera. Además, los docentes han incorporado plataformas digitales, actividades gamificadas, debates, monólogos y presentaciones de personajes históricos.
Estas experiencias permiten desarrollar comprensión lectora junto con otras habilidades. Para investigar, exponer o representar un personaje, el estudiante necesita comprender, seleccionar y organizar información.

Una cultura que va más allá de la PAES
El avance del Colegio Cryptocarya Alba no puede explicarse por una única metodología. Surge de la combinación de continuidad pedagógica, trabajo colaborativo, inversión en recursos, monitoreo temprano y vínculos positivos.
Diego lo define como la construcción de una cultura de aprendizaje:
“Nos hemos convertido en personas habilidosas para desarrollar costumbres educativas, más que para abordar aspectos específicos del currículo”.
El equipo también entrega una recomendación clara para otros establecimientos: definir una meta compartida, invertir en los profesores y fortalecer el trabajo desde los primeros niveles. Susana lo resume de buena manera:
“Hay que tener una meta clara, transmitirla, hablarla con los apoderados y compartir una visión positiva”.
La experiencia del Colegio Cryptocarya Alba muestra que mejorar la comprensión lectora no depende únicamente de preparar una prueba. Requiere construir una trayectoria coherente, observar lo que ocurre en cada curso y confiar en que los estudiantes pueden avanzar cuando cuentan con apoyo oportuno.
Desde Kimche quedamos muy contentos por la reunión, por la generosidad con que el equipo compartió sus experiencias y por la posibilidad de conocer una historia educativa construida durante cuatro décadas. Agradecemos a Margarita, Susana, Francisca, Diego y Ana por abrirnos las puertas de su comunidad, y les deseamos lo mejor en sus próximos desafíos.
