Al revisar en Kimche los resultados otorgados por nuestro módulo de egresados, sobre los colegios con mayores ascensos en la más reciente PAES, hubo uno que llamó especialmente nuestra atención. El Colegio Libertad, ubicado en la localidad de Licán Ray dentro de la comuna de Villarrica, había logrado uno de los mayores avances en competencia lectora a nivel nacional en comparación al año pasado: nada menos que 1.016 puestos.
Sin embargo, al conversar con su directora, Mariela Parra, y con el jefe de UTP, Jonathan Toro, quedó claro que la historia no comenzaba con una prueba ni con un plan de reforzamiento. Comenzaba algunos años antes, cuando un nuevo equipo directivo decidió preguntarse si el proyecto educativo del establecimiento seguía respondiendo a la realidad de su comunidad.
Ranking PAES · Competencia Lectora
Liceo Particular Libertad
Un cambio de proyecto de acuerdo al contexto
El Colegio Libertad tiene más de cuarenta años de historia. Durante gran parte de esta fue un establecimiento técnico profesional con internado, recibiendo estudiantes provenientes de distintos sectores rurales de la Araucanía y la actual Región de Los Ríos. Pero la comunidad poco a poco comenzó a cambiar. El alumnado comenzó a disminuir progresivamente, debido a que muchas familias manifestaban otras preferencias educativas o preferían emigrar a otros lugares. El internado tuvo que cerrar por la misma razón.
Sin embargo, después de la pandemia llegaron nuevas familias a la comuna de Villarrica, con muchos estudiantes migrando desde Santiago. Varios de ellos tenían interés en ingresar a universidades o institutos profesionales.
En paralelo, durante 2021, Mariela y Jonathan asumieron el desafío de liderar un recinto cuyo modelo histórico ya no respondía a las necesidades de las familias del pueblo y de sectores aledaños. Más que quedarse en solo administrar el colegio, decidieron rediseñar su propósito: transformarlo en una alternativa científico-humanista capaz de ofrecer oportunidades de continuidad de estudios superiores sin que los jóvenes tuvieran que abandonar su territorio.
Ese cambio, concretado en 2023, no consistió solamente en modificar un plan de estudios. Implicó construir una nueva visión compartida, fortalecer el trabajo colaborativo entre docentes, involucrar aún más a las familias, instalar una cultura de altas expectativas y comenzar a tomar decisiones pedagógicas basadas en evidencia.
Como explica Jonathan:
“Recibimos un gran porcentaje de estudiantes que venían de Santiago. Eso fue un gatillante respecto de la determinación que tomamos para hacer una variación de modalidad. Hoy los estudiantes ya no ven como límite tener un título técnico profesional, sino que quieren acceder a institutos y universidades.”
La decisión implicó cerrar una etapa importante de la historia del establecimiento, pero también abrir una nueva oportunidad para convertirse en un referente educativo de la zona lacustre.

Los resultados no llegaron por casualidad
Si bien es cierto que la tremenda subida en la PAES se debió al estudio y esfuerzo de una buena generación (la segunda egresada bajo el actual modelo), la conversación deja claro que detrás existe un trabajo sistemático que comenzó varios años antes.
La directora Mariela Parra resume muy bien la filosofía del establecimiento:
“Creemos profundamente en el trabajo colaborativo y en el acompañamiento permanente de nuestros docentes, porque queremos transmitirles a nuestros estudiantes que son los protagonistas de su aprendizaje y que tienen la capacidad de generar cambios. Eso incentiva el deseo de aprender, lo que se potencia por el hermoso entorno natural que tenemos a nuestro alrededor”.
De forma precisa, el equipo directivo apostó por fortalecer tres pilares:

1. Un seguimiento pedagógico basado en datos
El colegio utiliza diagnósticos de inicio, monitoreos intermedios y evaluaciones finales para identificar brechas y ajustar sus estrategias durante el año. Cada estudiante recibe retroalimentación sobre su progreso y conoce qué habilidades necesita fortalecer.
Más que acumular información, el foco está en utilizar los datos para orientar el trabajo docente y comprometer a los propios estudiantes con sus aprendizajes. Los resultados en la PAES fueron una consecuencia de ese proceso, más no su punto de partida.
2. La comprensión lectora es algo que envuelve a todas las asignaturas
Uno de los aspectos más interesantes del caso es que la lectura se transformó en un objetivo transversal. El establecimiento desarrolla un plan lector desde prekínder hasta cuarto medio, incorporando múltiples estrategias:
- Lectura silenciosa en distintos momentos de la jornada.
- Participación activa de las familias.
- Premiación de los mejores lectores en los cursos más pequeños.
- Creación de textos por parte de los propios estudiantes.
- Integración de la lectura en todas las asignaturas.
Además, cada docente trabaja instrucciones, análisis y comprensión desde su propia disciplina. Esa mirada compartida permite que la habilidad lectora se fortalezca durante toda la trayectoria escolar.
3. El aprendizaje socioemocional
Un momento particularmente honesto de la conversación aparece cuando el equipo reflexiona sobre la generación anterior, que obtuvo un puntaje promedio más bajo en la prueba. Lejos de atribuirlo únicamente al rendimiento académico, identifican un factor decisivo: las consecuencias socioemocionales de la pandemia.
Mariela recuerda:
“Ellos vivieron un momento importante, su primero medio, encerrados. Eso fue generando situaciones muy complejas, y hubo que empezar a trabajar todo el área socioemocional muy fuerte. Para nosotros es súper importante tener a los estudiantes emocionalmente conectados con el aprendizaje, porque también los ayuda a vincularse con su entorno”.
La experiencia llevó al colegio a fortalecer su equipo de convivencia escolar, generar redes con instituciones externas, potenciar programas de apoyo y acompañar mucho más de cerca a cada estudiante.
El mensaje es claro: aprender y sentirse bien emocionalmente no son procesos separados.

Un aprendizaje para otros colegios
La experiencia del Colegio Libertad demuestra que mejorar resultados no depende únicamente de preparar mejor una prueba estandarizada. Requiere liderazgo directivo, seguimiento pedagógico, trabajo colaborativo entre docentes, participación familiar y una preocupación genuina por el bienestar de los estudiantes.
Quizás uno de los aprendizajes más inspiradores de esta experiencia tiene que ver con las expectativas. Incluso se modificó recientemente la visión institucional de la institución para reflejarlo, ya que antes se manifestaba abiertamente que los estudiantes ingresaran a la universidad. Hoy la mirada es distinta.
Como explica Jonathan Toro:
“Cualquier proyecto de vida es válido. Lo importante es que el estudiante crea que tiene el potencial para concretarlo. A eso se orienta la cultura de altas expectativas académicas que estamos implementando”
Ese cambio refleja una comprensión más amplia del éxito educativo: formar personas capaces de construir su propio camino, ya sea en la educación superior, el emprendimiento o cualquier otra alternativa.
En Kimche nos alegramos profundamente de haber conocido al equipo del Colegio Libertad de Licán Ray. Les agradecemos la generosidad con que compartieron su trabajo y les deseamos el mayor de los éxitos en los nuevos desafíos que seguirán enfrentando junto a su comunidad educativa.
