Nuestra constante búsqueda de establecimientos con subidas notorias en la PAES nos llevó a toparnos con el Colegio San Lucas, ubicado en la comuna de Lo Espejo. Para ser precisos, este establecimiento registró un notable ascenso de 824 puestos en la prueba de Competencia Lectora.
Lógicamente, queríamos entender qué había detrás de esa mejora, lo que nos condujo a la historia de una institución que más allá de implementar un proceso educativo eficiente en resultados, busca aportar bienestar a la calidad de vida de su comunidad educativa, y a la de la comuna en donde se ubica.
La conversación con su directora, María Olga Lagos (también ganadora del Premio LED en la categoría “Convivencia e Inclusión”) mostró que más allá de preparar una prueba, la idea del San Lucas va por implementar un enfoque educativo con clara conciencia social. Un propósito que se consigue a través de decisiones pedagógicas basadas en datos y un equipo convencido de que sus estudiantes pueden llegar más lejos.
Ranking PAES · Competencia Lectora
Colegio San Lucas de Lo Espejo
Rompiendo el círculo de pobreza
Para entender las decisiones pedagógicas del Colegio San Lucas, primero hay que entender por qué existe.
Fundado en 2007, el establecimiento se ubica en el sector de Las Turbinas, el que tiene una comunidad que enfrenta importantes desafíos sociales, al ser conocida por enfrentar altos niveles de vulnerabilidad y estigmatización. Con ese marco, y desde sus orígenes, el establecimiento definió una misión clara que sigue orientando sus decisiones educativas, de acuerdo a su directora:
“Romper el círculo de la pobreza en el sector y lograr que nuestros estudiantes accedan a la educación superior. Ideas que ubicamos sobre un pilar católico y social muy importante”
Ese objetivo atraviesa buena parte de la gestión escolar. Inicialmente, San Lucas nació como un colegio técnico profesional y más adelante incorporó la modalidad científico-humanista. Actualmente mantiene la especialidad de Telecomunicaciones, permitiendo que sus estudiantes puedan proyectarse tanto hacia carreras técnicas como universitarias.
Por lo que no se trata solamente de obtener mejores resultados académicos. La meta es que los estudiantes puedan proyectar una trayectoria positiva, tanto a nivel personal como profesional, y contar con herramientas concretas para construirla. Y eso se busca implementar activamente en la sala de clases.

Una cultura escolar que se enseña desde el ingreso
María Olga cuenta que en el sector al establecimiento incluso lo conocen como un “oasis”, tanto por sus instalaciones como por una cultura interna basada en el respeto y el aprendizaje. Pero esa reputación viene acompañada de una fuerte exigencia académica.
En ese sentido, una buena parte del estudiantado ha pasado su estancia escolar completa en el establecimiento. Pero también hay un número importante de alumnos que ingresan durante la enseñanza media. Esa incorporación presenta otro desafío: transmitir rápidamente una cultura que el colegio ha construido durante años a adolescentes con complejas situaciones familiares.
“Es difícil cuando llegan en primero medio, porque suelen venir cometiendo faltas graves, sin tener la cultura que establecemos en los otros alumnos desde chiquititos. Entonces, cuando inicia el año, es necesario citarlos antes y hacerles un rayado de cancha bien importante. Los vamos acompañando en su adaptación, pero deben tener muy claro que hay acciones que no se permiten en el colegio”, cuenta la directora
Con eso establecido desde el inicio, el equipo del San Lucas realiza un proceso de acompañamiento cercano a estos estudiantes para adaptarse a la comunidad, y sobre todo para ayudarlos a comprender las expectativas que deposita el colegio en ellos.
Esto muestra otro aspecto que suele pasar inadvertido cuando observamos los resultados académicos: las mejoras pedagógicas no ocurren separadas de la cultura escolar. Para trabajar comprensión lectora o analizar evaluaciones se necesitan condiciones como la confianza, normas conocidas y un ambiente que proteja el aprendizaje.

Comprensión lectora más allá de lenguaje
Cuando preguntamos qué práctica concreta explicaba el avance en la PAES, María Olga puso el énfasis en algo menos visible que un ensayo o una medida especifica: había un propósito compartido.
“Más que lo que hagamos puntualmente, es tomar las decisiones de manera conjunta, trabajar con los papás, trabajar con los profesores, porque cualquier cosa que uno imponga finalmente no termina responsabilizando a nadie”, explicó.
Uno de los cambios más interesantes está en cómo el colegio abordó la enseñanza de comprensión lectora. El diagnóstico era claro: muchos estudiantes tenían dificultades para comprender lo que leían. La respuesta no fue dejar esa responsabilidad únicamente en lenguaje.
Un estudiante necesita comprender instrucciones en matemática, interpretar fuentes en historia, analizar información en ciencias y enfrentarse a vocabulario específico en prácticamente todas las materias.
María Olga entrega un ejemplo muy concreto:
“Si van a ver una clase del impresionismo en arte, parten con un pequeño texto y un par de preguntas de comprensión de lectura. En el fondo, la idea es que los niños se vayan acostumbrando a leer en todas las asignaturas”.
Cuando esa responsabilidad se distribuye entre los distintos docentes, la competencia lectora deja de ser una intervención puntual y comienza a ser una piedra angular de la cultura de aprendizaje propia del colegio.
Esta práctica también muestra algo relevante para otros establecimientos. Mejorar la competencia lectora no necesariamente requiere crear un programa completamente separado del currículum. A veces implica instalar pequeñas rutinas compartidas y sostenerlas en el tiempo.

De los datos a la acción
Otro elemento que tomó fuerza en el Colegio San Lucas fue el fortalecimiento del análisis de datos educativos.
Si bien, desde tercero medio realizan ensayos PAES y pruebas de nivel, la clave no está en simplemente aplicar las evaluaciones. El equipo revisa constantemente los resultados para detectar qué estudiantes presentan mayores dificultades y qué contenidos requieren refuerzo.
“Hacemos los reforzamientos en base a las necesidades que se detectan en esos ensayos, y con quienes tienen estén más descendidos hacemos un acompañamiento más cercano”, explica la directora.
La exposición reiterada a pruebas similares también busca que los estudiantes lleguen a la PAES con mayor seguridad. A esto se suma un preuniversitario dentro del colegio que justamente se comenzó a implementar desde el año pasado y redes generadas con organizaciones como Formando Chile, Fundación Portas y Fundación El Sauce, con las que se han gestionado distintas instancias, desde orientaciones para desenvolverse en educación superior, hasta la entrega de becas.
Los resultados comenzaron a reflejar ese trabajo. Según cuenta María Olga, antes era excepcional encontrar estudiantes sobre los 900 puntos. Después del proceso implementado por el colegio, esos puntajes comenzaron a aparecer con mayor frecuencia.
“Creerse el cuento”
Preparar la PAES, para el San Lucas, no significa exclusivamente mejorar puntajes.
El colegio acompaña a los estudiantes en la inscripción a la prueba, el FUAS, la búsqueda de alternativas de educación superior y la revisión, junto a las familias, de aspectos como el Registro Social de Hogares. Incluso los estudiantes de la modalidad técnico profesional son incentivados a rendir la PAES.
Detrás de estas acciones existe una preocupación mayor: que los jóvenes puedan imaginar una trayectoria educativa distinta. Ese desafío es especialmente significativo en un contexto donde, según explica la directora, algunos estudiantes crecen con cierta desesperanza respecto de sus posibilidades futuras.
Cuando le preguntamos a María Olga por uno de los principales desafíos que todavía enfrenta el colegio, su respuesta apuntó directamente a las expectativas, y a cómo se trabajan tanto con los estudiantes como con sus mismas familias:
“Si hay un desafío en que todavía tenemos que seguir creciendo es en lograr que los niños se crean el cuento, en que los niños pueden lograr aprendizajes, lograr mejoras y lograr acceder a la universidad. Eso también implica impactar en la mentalidad de los papás: que sus hijos pueden ser los primeros en estudiar, de los primeros en ser profesionales de su familia”.
La frase resume una idea importante para el liderazgo educativo: las altas expectativas tienen más sentido cuando van acompañadas de apoyo, seguimiento y oportunidades concretas para avanzar.

Y esa cultura se resume con una idea sencilla, que se repitió como mantra durante la conversación: entrar al colegio, preguntarle a cualquier integrante cuál es su propósito y recibir una respuesta similar de cada uno: “queremos que todos nuestros niños estudien”.
Ese quizás sea uno de los principales aprendizajes que deja la experiencia del Colegio San Lucas. Los datos permiten encontrar dificultades, los ensayos ayudan a monitorear avances y las estrategias de comprensión lectora fortalecen aprendizajes. Pero esas herramientas tienen mucho más sentido cuando profesores, directivos, estudiantes y familias entienden hacia dónde quieren avanzar.
Nos quedamos muy contentos de haber conversado con el equipo del Colegio San Lucas y de conocer con mayor profundidad las experiencias, desafíos y convicciones que sostienen su proyecto educativo. Agradecemos especialmente a María Olga Lagos por compartir estos aprendizajes y esperamos que el colegio continúe avanzando en su propósito de abrir nuevas oportunidades para sus estudiantes y sus familias.

